El arte de amar
El arte de amar 505Mas no se te ocurra rizarte el pelo con unas tenacillas, ni depilarte las piernas con áspera piedra pómez; deja que eso lo hagan los que canturrean entre alaridos a la madre del Cíbele, acompañándose de 510ritmos frigios[65]. Belleza sin aliño cuadra bien a los varones: a la hija de Minos[66] se la llevó consigo Teseo, sin haberse adornado las sienes con ninguna horquilla; Fedra se enamoró de Hipólito[67], y eso que él no se preocupaba por su aspecto; desvelo para una diosa[68] fue Adonis, a pesar de estar hecho a vivir en los bosques. Que vuestros cuerpos agraden por su limpieza; haced que se pongan morenos en el campo de Marte[69]; procurad que os siente bien la toga y que no lleve manchas. Que la lengua no se te 515quede tiesa[69bis]; véanse libres de sarro tus dientes y que el pie no te nade de un lado a otro en la sandalia desatada, y que un mal corte de pelo no te deforme la cabellera, dejándotela erizada: hazte cortar el pelo y afeitar la barba por una mano experta; no te dejes crecer las uñas y llévalas limpias, y que no haya ningún pelo en los orificios 520de tu nariz, ni sea hediondo el aliento de tu maloliente boca, y que el semental y padre del rebaño no ofenda el olfato[70]. Deja que hagan todo lo demás las jóvenes coquetas o el torpe varón, si lo hubiera, que pretenda conquistar a otro varón.