El arte de amar
El arte de amar Si te seduce la edad temprana y que aún está en su desarrollo, se presentará ante tus ojos una muchacha que lo es de verdad; si deseas una que esté en la flor de la edad, mil de ellas te gustarán y te verás abrumado sin sa65ber cuál de todas te gusta más; si por casualidad sientes predilección por la edad madura y más experimentada, créeme, el de éstas será igualmente un bien nutrido batallón. Lo único que tienes que hacer es pasear sin prisa a la sombra del pórtico de Pompeyo, en la época en que el sol se acerca a la espalda del león de Hércules[11], o bien allà donde la madre ha juntado sus regalos a los regalos de 70su hijo, obra esta que debe su riqueza al mármol traÃdo de otras latitudes[12]. Visita también el pórtico decorado con cuadros antiguos que lleva el nombre de Livia, nombre que le puso su fundador[13], y el lugar a lo largo del cual se yerguen las nietas de Belo[14], que osaron tramar la muerte de sus desgraciados primos, y su fiero padre empuñando la espada. No se te olvide Adonis, a quien Venus llora[15], 75ni los ritos del séptimo dÃa que el judÃo de Siria celebra[16], ni dejes de pasar por el templo menfÃtico de la ternera vestida de lino[17]: a muchas las hace ser lo que ella fue para Júpiter. También los foros (¿quién podrÃa creerlo?) son sitio apropiado para el amor, y muchas veces la llama 80amorosa brotó en el bullicio del foro. Por donde la Apiade[18], situada al pie del templo de Venus construido en mármol[19], salpica los aires con el surtidor de sus aguas, por allà el jurisconsulto queda con frecuencia cautivo del Amor y quien se habÃa cuidado de los demás no sabe ahora 85cuidarse de sà mismo; allà las palabras le faltan a menudo al orador, un caso insólito se le presenta y ha de litigar en su propio proceso. Venus se rÃe de él desde su templo, que está en las inmediaciones, y el que hasta hace poco era un defensor, ahora desea ser un cliente.