Metamorfosis
Metamorfosis La tercera, después de ésta, fue la edad del bronce, de índole más violenta y más proclive al uso de las salvajes armas, pero sin llegar a la depravación. La última es la del duro hierro. En esta época de peor talante irrumpieron desde el principio todo tipo de delitos: desaparecieron la vergüenza, la sinceridad y la lealtad, y en su lugar surgieron el fraude, el engaño y las insidias, y el insano deseo de poseer. Desplegaban las velas a los vientos, que los navegantes aún no conocían bien; las quillas de madera, que tanto tiempo habían permanecido en las altas montañas, desafiaban mares desconocidos, y el prudente agrimensor marcaba con largas líneas la tierra que antes había sido común, como el aire y la luz del Sol. Y no sólo se le exigían al rico suelo alimentos y mieses en abundancia, sino que se penetró en las vísceras de la tierra y se excavaron las riquezas, estímulo de todo crimen, que ésta guardaba cerca de las sombras estigias[15]. Y apareció el peligroso hierro, y el oro, más nocivo que el hierro. Apareció la guerra, que con ambos se combate, y manos ensangrentadas blandieron armas estridentes. Se vivía del robo: no hay huésped a salvo de su anfitrión ni suegro a salvo de su yerno, e incluso entre hermanos es raro el perdón. El hombre busca la muerte de su esposa y ésta la de su marido, horribles madrastras mezclan inmundos venenos, y el hijo echa cuentas de los años del padre antes de tiempo. La piedad yace vencida, y la virgen Astrea[16] abandona, última de los inmortales, la tierra empapada de sangre.