Metamorfosis

Metamorfosis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El Agenórida[40] no sabe que su hija y su pequeño nieto son dioses del mar. Vencido por el dolor y por toda esa serie de desgracias, y por los numerosos prodigios a los que había asistido, el fundador de Tebas abandona su ciudad, como si fuera la suerte de aquel lugar, y no la suya propia, la que recaía sobre él. Tras haber vagado por largos caminos llegó a las fronteras de Iliria[41], junto con su esposa, que le acompañaba en su huida. Abrumados ya por los años y por las desgracias, estaban rememorando las primeras vicisitudes de la casa y repasando sus afanes, cuando Cadmo dijo: «¿Y si hubiese sido una serpiente sagrada aquélla que atravesé con mi lanza en aquella ocasión, cuando, tras abandonar Sidón, sembré en la tierra sus dientes viperinos, desconocida simiente? Si es a ella a quien con tan despiadada cólera quieren vengar los dioses, entonces, ¡que yo mismo me arrastre sobre un largo vientre convertido en serpiente!». Apenas ha acabado de decirlo, cuando como una serpiente su cuerpo se extiende sobre un largo vientre, siente cómo las escamas crecen sobre su piel endurecida y cómo su cuerpo, ahora negro, se mancha de puntos azulados; cae de bruces sobre su pecho, y sus piernas, fundidas en una sola, se adelgazan formando una punta redondeada. Todavía le quedan los brazos: mientras siguen estando los tiende hacia Harmonía, y con el rostro todavía humano regado por las lágrimas que fluían de sus ojos, dice: «¡Acércate, mi pobre esposa, acércate, y mientras todavía queda algo de mí, tócame y cógeme la mano, mientras todavía es una mano, antes de que la serpiente me absorba del todo!». Evidentemente quiere seguir hablando, pero de repente su lengua se ha escindido en dos partes, las palabras no se forman en su boca, y cada vez que intenta emitir algún lamento, emite un silbido: ésa es la voz que la naturaleza le ha dejado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker