Metamorfosis
Metamorfosis Pero ambos, por lo menos, habían encontrado un gran consuelo de su transformación en su nieto, al que ya veneraban en la India, convertida a su fe, y al que Acaya entera adoraba en los templos levantados en su honor. El único que aún se resiste es Acrisio, hijo de Abante, descendiente de la misma estirpe que ellos, quien le mantiene apartado de las murallas de la ciudad de Argos, empuña las armas contra él, y se niega a creer que sea hijo de Júpiter; claro, que tampoco creía que fuese hijo de Júpiter Perseo, a quien Dánae[42] había concebido de una lluvia de oro. Sin embargo, muy pronto (tanta es la fuerza de la verdad), Acrisio habría de arrepentirse de haber ultrajado al dios y de no haber reconocido a su nieto. El primero ya habita entre los dioses del cielo; el segundo, llevando los gloriosos despojos del monstruo de cabellera de serpientes[43], hendía la brisa suave con alas susurrantes. Sobrevolaba victorioso los desiertos de Libia, cuando de la cabeza de la gorgona cayeron algunas gotas de sangre, a las que la tierra, tras absorberlas, dio vida en forma de serpientes. Ésta es la razón de que aquel país esté poblado de tantas serpientes.