Metamorfosis
Metamorfosis Cuando hubieron terminado el festín, y un vino generoso, don de Baco, hubo aligerado sus corazones, el Lincida[51] quiso saber cuáles eran los modos de vida y las características del lugar: en seguida uno de ellos le describió las costumbres y la mentalidad de los habitantes, y tras su explicación le dijo: «Ahora, fortísimo Perseo, cuéntanos, te lo ruego, con cuánto valor y con qué artes robaste la cabeza de cabellos de serpiente». El Agenórida[52] contó entonces cómo debajo del gélido Atlas se encontraba un lugar defendido por sólidas murallas fortificadas, en cuyo acceso habitaban dos hermanas, hijas de Forco, que compartían el uso de un solo ojo. Él, con pronta astucia, se lo había robado alargando la mano furtivamente cuando se lo pasaban de una a otra, y por lugares apartados y desconocidos, a través de ásperos peñascos y escarpadas selvas, había llegado a la morada de la gorgona. Por todas partes, en los campos y en los caminos, había visto estatuas de hombres y de animales que se habían convertido en piedra al mirar a Medusa, pero él había mirado su terrorífica figura cuando se reflejaba en el bronce del escudo que empuñaba en su izquierda, y mientras un sueño profundo se apoderaba de ella y de las serpientes le cortó la cabeza; de su sangre habían nacido Pegaso, de alas veloces, y su hermano[53]. Contó también los peligros, peligros serios, de su largo viaje, qué mares y qué tierras había contemplado desde el cielo, y qué estrellas había tocado llevado por sus alas.