Metamorfosis

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»La madre se quedó de piedra al escuchar las palabras de Aretusa, y durante un largo rato permaneció como enajenada. Cuando por fin el intenso dolor la sacó de su profundo extravío, montó en su carro y se dirigió a las regiones del cielo. Allí, con el rostro ensombrecido y el cabello en desorden, se plantó ante Júpiter, llena de odio, y le dijo: “He venido ante ti a suplicarte por mi sangre, que es también la tuya[34]. Si no sientes piedad de una madre, apiádate por lo menos de tu hija, como padre que eres, y espero que tu preocupación por ella no se vea disminuida por el hecho de que también es hija mía. Por fin, después de haberla buscado mucho tiempo, he encontrado a mi hija, si es que se puede llamar encontrar a haberla perdido con más certeza, o si es que tú llamarías encontrar a saber dónde se halla. Olvidaré que la raptó, pero siempre que me la devuelva. Y es que una hija tuya no es digna de tener un marido ladrón, aun en el caso de que por ser hija mía sí lo fuera”. Júpiter respondió: “Comparto contigo el afecto y la preocupación por nuestra hija, pero si queremos llamar a las cosas por su nombre, no se trata de un ultraje, sino de amor verdadero, y ese yerno, si tú querrás aceptarlo, no será para nosotros motivo de vergüenza. Aunque le faltara todo lo demás, ya es mucho ser hermano de Júpiter, y más cuando lo demás no le falta; y si es inferior a mí, sólo lo es por el reino que le tocó en suerte. Pero si tanto deseas apartarle de él, Prosérpina regresará al cielo, pero con esta condición irrevocable: que no haya llevado ningún alimento a su boca durante su estancia allí. Así lo ha establecido la ley de las Parcas”.


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