Metamorfosis
Metamorfosis Ni Palas ni la misma Envidia podrían criticar su obra. La rubia diosa guerrera no pudo soportar su éxito y rompió, celeste crimen, aquellas telas bordadas, y con la misma lanzadera de madera del Citoro que tenía en su mano golpeó en la frente una y otra vez a Aracne, hija de Idmón. La infeliz no pudo soportarlo e, intrépida, se ató una soga al cuello; cuando Palas la vio colgada, se apiadó y la sostuvo, y le dijo: «Vive, pues, desvergonzada, pero seguirás colgada; y para que no te creas a salvo en el futuro, este castigo recaerá sobre tu estirpe, hasta tus últimos descendientes». Luego, al marcharse, la roció con jugo de acónito, la hierba de Hécate[20]: inmediatamente, al contacto con el funesto fármaco, sus cabellos cayeron deshechos, al igual que la nariz y las orejas, su cabeza se hizo diminuta, y todo su cuerpo se empequeñeció. De los costados cuelgan delgados dedos en lugar de las piernas, y todo lo demás lo ocupa el vientre, desde el que, no obstante, ella, una araña, sigue soltando un hilo con el que, como antes, elabora sus telas.