Metamorfosis
Metamorfosis El mundo había vuelto a ser como antes. Y al ver que estaba desierto y que un profundo silencio reinaba sobre las tierras desoladas, Deucalión, con lágrimas en los ojos, le dijo así a Pirra: «Hermana, esposa, única mujer superviviente, a la que me han unido primero la estirpe común y el origen paterno, luego el matrimonio, y ahora los peligros que ambos corremos: de todas las tierras que se extienden desde el ocaso hasta el amanecer, nosotros somos los únicos habitantes, pues el mar ha engullido a todos los demás. Además, todavía no podemos confiar del todo en la salvación de nuestras vidas: los nubarrones aún aterran mi mente. ¿Cómo te sentirías ahora, desdichada, si hubieses escapado a la muerte sin mí? ¿Cómo podrías soportar el miedo tú sola? ¿Quién te consolaría en tu dolor? Yo, créeme, si el mar te hubiese engullido a ti también, te seguiría, esposa mía, para que también a mí me tragase. ¡Ojalá pudiera volver a dar vida a los pueblos utilizando las artes de mi padre, infundiéndole un alma a una figura de barro![41]. Ahora todo el género mortal se reduce a nosotros dos: así lo han querido los dioses, y somos los únicos supervivientes».