Metamorfosis
Metamorfosis A Egeo, sin embargo, aunque se alegraba de que su hijo hubiese salido ileso, le turbaba que hubiese faltado poco para cometerse un delito tan espantoso. Enciende fuegos en los altares y colma de ofrendas a los dioses, y las hachas golpean los musculosos cuellos de los toros de cuernos envueltos en vendas. Dicen que nunca brilló para los descendientes de Erecteo[46] día de mayor fiesta; los nobles y la gente corriente celebran banquetes y entonan canciones con el ingenio avivado por el vino: «A ti, grandísimo Teseo, te admira Maratona por haber vertido la sangre del toro de Creta, y si en Cromión el colono puede arar sin temor al jabalí, es por gracia y obra tuya. La región de Epidauro vio caer gracias a ti al hijo de Vulcano que iba armado de una maza, así como vio caer la llanura del Cefiso al violento Procrustes, y Eleusis, sagrada a Ceres, vio la muerte de Cerción[47]. Muerto está también aquel Sinis que empleaba mal su extraordinaria fuerza, que podía doblar los troncos y que curvaba hasta el suelo las copas de los pinos, con los que lanzaba los cuerpos a gran distancia. El camino que va a Alcátoe[48], la ciudad de los léleges, se abre ahora seguro, una vez que te has encargado de Escirón[49]: a los huesos dispersos del ladrón la tierra les niega un asilo, les niega un asilo el mar, y dicen que tras haber sido zarandeados, durante largo tiempo, por las olas, el tiempo los endureció convirtiéndolos en escollos: dichos escollos conservan el nombre de Escirón. Si quisiéramos hacer el recuento de tus años y de tus victorias, las hazañas superarían a los años. ¡Por ti, el más fuerte, hacemos públicos votos, y a tu salud tomamos el vino de Baco!». El palacio resuena con el aplauso del pueblo y con las oraciones de quienes le auguran su bien, y no hay un solo lugar triste en toda la ciudad.