Metamorfosis
Metamorfosis La muchedumbre acude presurosa, ansiosa por conocer a un hombre de tanta fama: acuden a recibirle Telamón, Peleo, menor que Telamón, y Foco, el tercero de los hijos; el propio Éaco también sale a su encuentro, con la lentitud y la gravedad propias de su vejez, y le pregunta cuál es la causa de su venida. Obligado a rememorar su dolor de padre, Minos, el soberano de cien ciudades[53], le respondió con estas palabras: «Te ruego que apoyes a estas tropas que he reunido por mi hijo, y que aceptes formar parte de este piadoso ejército: consuelo para su sepulcro es lo que pido». Y el Asopíada[54]: «Lo que pides es en vano», le dijo, «y mi ciudad no lo hará; en efecto, no hay tierra más unida a los cecrópidas[55] que ésta: ésa es la alianza que hay entre nosotros». Mino se marcha triste, y dice: «Esa alianza te costará cara». Pero considera más conveniente amenazar con la guerra en lugar de hacerla, y desgastar allí sus fuerzas antes de tiempo.
Aún podía verse la flota de Lictos[56] desde los muros enopios, cuando una nave ateniense que traía a Céfalo con órdenes de su patria se acercó navegando a toda vela y entró en el puerto aliado.