Metamorfosis
Metamorfosis El primer amor de Febo fue Dafne, hija del Peneo[46], y no nació de la ciega casualidad, sino de la impetuosa ira de Cupido[47]. El dios de Delos[48], lleno de soberbia por su reciente victoria sobre la serpiente, había visto a Cupido doblar su arco para tensar la cuerda, y le había dicho: «¿Qué haces tú, pequeño insolente, manejando armas tan poderosas? Ésas son armas para que yo las lleve en mis hombros, yo que soy capaz de herir con un tiro certero a las bestias salvajes y a los enemigos, y que hace poco abatí con una lluvia de saetas al hinchado Pitón, que tanta tierra oprimía con su vientre pestilente. Tú confórmate con encender pequeños amores con tu antorcha, y no trates de adjudicarte mis triunfos». A lo que el hijo de Venus le respondió: «Puede que tu arco atraviese todas las cosas, oh Febo, pero el mío te atravesará a ti; y en la misma medida en que los animales son inferiores a los dioses, tu gloria será inferior a la mía». Así dijo, y surcando el aire con un batir de las alas se posó, resuelto, en la umbrosa cumbre del Parnaso, y extrajo de su carcaj dos flechas de efecto contrario: una que pone en fuga al amor, y otra que lo hace nacer. La que crea el amor está hecha de oro y su punta reluce afilada, mientras que la que lo ahuyenta está despuntada y lleva plomo tras el asta. Con ésta fue con la que atravesó el dios a la ninfa peneide, mientras que con la otra hirió a Apolo atravesándole los huesos hasta la médula.