Metamorfosis
Metamorfosis El héroe neptunio[1] le preguntó la causa de su gemido y de su frente mutilada; entonces el río de Calidón, con los cabellos sin ornato ceñidos por una corona de cañas, empezó a decir así: «Triste favor me pides, pues ¿quién quiere rememorar sus batallas cuando ha sido vencido? No obstante, te lo contaré punto por punto; además, no fue tan deshonroso haber sido vencido como decoroso haber luchado, y tan ilustre vencedor es para mí un gran consuelo. Si alguna vez, hablando, ha llegado a tus oídos el nombre de Deyanira, ella fue, tiempo atrás, una bellísima doncella, deseo y esperanza de muchos nobles pretendientes. Habiendo entrado con ellos en la casa de aquél al que deseábamos tener como suegro, yo dije: “¡Tómame a mí como yerno, hijo de Partaón[2]!”. Lo mismo dijo también el Alcida[3], y los demás cedieron ante nosotros dos. Él alegaba que le daría a Júpiter como suegro la fama de sus hazañas y el éxito en las pruebas que le había ordenado su madrastra[4], ante lo que yo rebatí: “Sería indigno ceder ante un mortal; en mí estás viendo al rey de un río que fluye por tu reino con sesgado curso: yo no seré un yerno extranjero llegado desde costas extrañas, sino un compatriota, una parte de lo que es tuyo.