Metamorfosis
Metamorfosis Así habló el vaquero, pero la catástrofe no había turbado a Peleo: recordando su crimen, intuye que la nereida Psámate, privada de su hijo, con esta desgracia ofrece a Foco las últimas exequias. El rey del Eta[30] ordena a sus hombres que vistan las corazas y empuñen los dardos impetuosos, y él mismo se dispone a irse con ellos. Pero Alcíone, su esposa, alertada por el tumulto, acude precipitadamente con el peinado todavía a medio hacer, y soltándose el cabello por completo se abraza al cuello de su marido y le suplica con palabras y con lágrimas que envíe los auxilios sin ir él mismo, y que salve así dos almas en una. El Eácida[31] le dice: «Depón, oh reina, este afectuoso y bello temor: con vuestra promesa de ayuda ya tenéis toda mi gratitud. No me gusta la idea de tomar las armas contra un prodigio desconocido. Lo que hay que hacer es adorar a las divinidades del mar».