Metamorfosis

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«En los gélidos montes de Arcadia había entre las hamadríadas de Nonacris[64] una náyade famosísima, a quien las ninfas llamaban Siringe. Más de una vez había tenido que eludir el acoso de los sátiros o de cualquiera de los otros dioses que habitan el sombrío bosque o la fértil campiña; practicaba las mismas ocupaciones que la diosa de Ortigia[65], e igual que ella guardaba su virginidad. Vestida también a la manera de Diana, su aspecto se prestaba a confusión, y habrías podido pensar que se trataba de la hija de Latona[66] si no fuera porque llevaba un arco de cuerno, mientras que el de la diosa es de oro. Aun así, su aspecto engañaba. Un día, Pan[67] la vio cuando regresaba del monte Liceo, y con la cabeza coronada de punzantes hojas de pino dijo las siguientes palabras…»; y quedaban por relatar sus palabras, y cómo la ninfa, despreciando los halagos del dios, había huido por lugares inaccesibles hasta que había llegado a la plácida corriente del arenoso Ladón; allí, al ver que las aguas le cerraban el paso, suplicó a sus hermanas, las ninfas del río, que la transformaran, de forma que Pan, cuando ya creía estrechar a Siringe, tenía entre sus brazos en vez del cuerpo de la ninfa una mata de cañas palustres; al suspirar el dios sobre ellas el aire produjo al atravesarlas un suave sonido, parecido a un lamento. Cautivado por este nuevo invento y por la dulzura del son, el dios había dicho: «¡Ésta será mi forma de hablar contigo!»; y así, el instrumento hecho de cañas desiguales unidas con cera conservó el nombre de la muchacha.


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