Metamorfosis
Metamorfosis Esta hazaña, estos combates trajeron una tregua de muchos días, y ambas partes interrumpieron la lucha y depusieron las armas. Y mientras vigilantes centinelas montaban guardia en los muros de los frigios, mientras vigilantes centinelas montaban guardia en las trincheras de los argivos, llegó el día solemne en el que Aquiles, el vencedor de Cigno, sacrificó una vaca para aplacar a Palas con su sangre; cuando hubo colocado sobre el altar las entrañas cortadas en pedazos, y su aroma, grato a los dioses, se difundió en el aire, una parte fue utilizada para los ritos, y el resto se sirvió en un banquete. Los nobles guerreros se recuestan sobre los lechos, sacian sus cuerpos con la carne asada y alivian con vino la sed y las preocupaciones. No se deleitan con cítaras, con cantos o con largas flautas de boj de muchos agujeros, sino que pasan la noche conversando, y el tema de la conversación es el valor. Narran los combates de los enemigos y los suyos propios, y se complacen en rememorar por turno los peligros arrostrados y superados. ¿De qué otra cosa, en efecto, podría hablar Aquiles, o de qué más se podría hablar ante el gran Aquiles? Sobre todo se habló de la reciente victoria sobre el vencido Cigno: todos encuentran asombroso que el cuerpo del joven no pudiese ser atravesado por arma alguna, que resistiese a cualquier herida y que mellara el hierro. El mismo Eácida estaba sorprendido, y de ello se sorprendían también los aqueos, cuando Néstor dijo así: «En vuestra época, Cigno ha sido el único que despreciaba el hierro y que no podía ser atravesado por ningún arma; pero yo mismo vi hace mucho tiempo al perrebio Ceneo soportar mil golpes con el cuerpo intacto, a Ceneo de Perrebia[14], célebre por sus hazañas, que vivía en el Otris. Y para que la cosa fuese aún más asombrosa, había nacido mujer». Todos los presentes son cautivados por la extrañeza del prodigio, y le ruegan que lo cuente. Entre ellos también Aquiles: «Vamos, cuéntanos, pues, todos tenemos el mismo deseo de saber, oh elocuente anciano, tú que eres la sabiduría de nuestro tiempo, quién fue Ceneo, por qué se transformó en su contrario, en qué guerra, en qué batalla le conociste, y por quién fue vencido, si es que fue vencido por alguien».