Metamorfosis
Metamorfosis Asà como el cielo está dividido en dos zonas en la parte derecha y otras tantas en la parte izquierda, y en una quinta que es más caliente que las demás, el dios se cuidó de distinguir igual número de zonas en la masa cercada por el cielo, y asà otras tantas franjas quedaron grabadas en la tierra. De ellas, la que está en el medio no es habitable a causa del calor, y otras dos están recubiertas de nieve alta; a las dos restantes las colocó entremedias de las anteriores y les dio una temperatura en que se mezclan el hielo y el fuego. Sobre todas ellas incumbe el aire, que es más pesado que el fuego en la misma proporción en que el agua es más ligera que la tierra. Allà ordenó condensarse a las nieblas y a las nubes, a los truenos que un dÃa asustarÃan a los hombres, y a los vientos, que junto con los rayos originan los relámpagos. Tampoco a los vientos les permitió el constructor del orbe que reinaran en el aire a sus anchas; aún hoy, a pesar de que dirigen su soplo hacia regiones distintas, a duras penas se les puede impedir que destrocen el mundo, tanta es la discordia que reina entre ellos, aunque son hermanos. El Euro[4] se retiró hacia la Aurora, hacia los reinos de los nabateos y de los persas, y las montañas que reciben los primeros rayos de la mañana[5]; el planeta Venus y las costas que calienta el sol del ocaso están próximos al Céfiro[6]; Escitia[7] y los Siete Triones[8] fueron invadidos por Bóreas[9], portador del frÃo; la región opuesta a ésta siempre está humedecida por las asiduas nubes del lluvioso Austro[10]. Por encima de ellos situó al éter puro y sin peso, que nada tiene de la hez de la tierra.