Caballero
Caballero Pero Patricia asiente.
—Él es el enlace entre la prensa y la corrupción. Se asegura de que ciertas noticias no salgan a la luz… y que otras se cuenten de la forma correcta.
El golpe de realidad lo deja sin palabras.
Se pone de pie, tambaleándose. Patricia lo sujeta del brazo.
—Gabriel, por favor… déjalo. Vete.
Pero Caballero ya tomó su decisión.
Esa misma noche, con las manos temblorosas, llama a Ortiz.
—Jefe, tenemos que hablar.
Del otro lado de la lÃnea, un silencio tenso. Luego, la respuesta.
—Te espero en la oficina.
Caballero cuelga. No sabe si está yendo directo a la boca del lobo.
Pero es hora de terminar esto.
Caballero entra en la oficina de Ortiz con el pulso acelerado. La redacción está en penumbras, el ambiente cargado de humo y tensión. Su jefe lo espera detrás del escritorio, un vaso de whisky en la mano y una expresión que no deja lugar a dudas.
—Tardaste demasiado en darte cuenta, Gabriel.
Caballero se apoya en la silla frente a él, sintiendo el peso de la verdad sobre sus hombros.