Caballero
Caballero Decide buscar a Patricia. Ella sabe más de lo que admitió, y si alguien puede ayudarlo a cerrar este cÃrculo, es ella. La encuentra en su departamento, empacando apresuradamente.
—¿Te vas de viaje? —pregunta desde la puerta.
Ella se sobresalta, pero al verlo suspira con alivio y lo jala dentro.
—Gabriel, tienes que salir de esto. Ya no es un juego.
—Nunca lo fue.
Patricia lo observa con el miedo a flor de piel. Entonces, se sienta en el sofá y se cubre el rostro con las manos.
—Yo ayudé a ocultarlo —admite, con la voz quebrada—. Me pidieron que hiciera ajustes en ciertos contratos. No sabÃa en lo que me estaba metiendo hasta que fue demasiado tarde.
Caballero la mira fijamente. Todo encaja.
—¿Quién te pidió que lo hicieras?
Patricia levanta la mirada, con lágrimas en los ojos.
—Ortiz.
El periodista siente una sacudida en el pecho. Su jefe. La persona que le asignó la historia. El que, desde el principio, parecÃa empujarlo a seguir adelante.
—Eso no tiene sentido —susurra.