El cuarto poder
El cuarto poder Valentina, bordadora también, y también rubia, no era tan hermosa. Sus ojos más pequeños, su cutis menos delicado, la nariz un poco remangada, más baja de estatura. En cambio sus cabellos dorados eran rizosos y le caÃan con mucha gracia por la frente; sus manos y sus pies más delicados y breves que los de Nieves; y, sobre todo, tenÃa a menudo, casi constantemente, un ceño, cierto fruncimiento del entrecejo que no era de enfado y prestaba a su fisonomÃa un matiz picaresco extremadamente simpático. Encarnación era costurera; moza robusta, colorada, mofletuda, de fisonomÃa vulgar. Entre los artesanos de Sarrió pasaba por la mejor moza de las cuatro: para el catador inteligente y refinado valÃa muy poco. Teresa, costurera también, era por su rostro una verdadera mora, y de las más oscuritas; el cabello negro como el azabache, los ojos rasgados y tan negros como el pelo, la nariz y la boca correctas. Pasaba por fea en la villa a causa de su color: en realidad era un hermoso tipo oriental. De las dos doncellas de la casa, la una, Generosa, nada tenÃa que llamase la atención; la otra, Elvira, era una palidita, de ojos grandes y entornados, muy graciosa.