El cuarto poder
El cuarto poder —Como su padre don Marcos, que en paz descanse.
—Y como su abuelo don Benito —añadió una vieja—. ¡Qué familia tan noble y campechana!
En las bocacalles por donde se descubría un cacho de mar, el señor de las Cuevas solía detenerse un momento para echar una ojeada escrutadora.
—Por ahora bonanza. Dentro de poco terral.
—¿Las ves? —dijo con expresión de triunfo al cabo de un instante.
—¿Qué?
—Las lanchas, hombre, las lanchas. ¡Cómo lo han olido!
—No veo nada, —repuso Gonzalo sacándose los ojos por columbrarlas en el horizonte.
—Sigues como antes. No ves más que la sopa en el plato —manifestó el tío sonriendo con lástima.