La aldea perdida

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Dos de estas zagalas son rivales: el apuesto Quino las festeja alternativamente; pero saben disimular sus celos con arte femenino. Eladia sonríe de vez en cuando á Telva. Ésta le devuelve su sonrisa. Ambas se esfuerzan en aparecer serenas y confiadas.

La procesión entra en la iglesia. Poco después la muchedumbre sale y se esparce por el pequeño campo de delante y el castañar de detrás. Quino se acerca á Telva y con frase insinuante la requiebra y la felicita. Arrimados á una columna del pórtico departen en voz baja mientras Eladia, con la muerte en el alma, les dirige miradas fulgurantes. Pero Flora, la gentil zagala de Lorio, se acerca á ella y procura distraer su pena con su charla siempre alegre y graciosa.

—Deja que me esconda detrás de ti. Jacinto me persigue y me sofoca.

—¿Tanto te disgusta que te quiera? —respondió Eladia sonriendo tristemente.

—No me disgusta, pero hace demasiado calor. En vez de miel yo necesitaría ahora un poco de agua de limón.


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