La aldea perdida
La aldea perdida Mas ¿quién fué el bravo que brillaba en la batalla como un astro refulgente que hace empalidecer á los que fulguran á su lado? Celso, el animoso y magnánimo nieto de la tÃa Basilisa. Celso, anhelando tomar venganza, se lanzaba impetuosamente dando gritos horribles sobre los de LorÃo. No consideraba que sus fuerzas estaban mermadas por los estacazos de la noche anterior. Ni su cabeza vendada y dolorida ni sus riñones derrengados podÃan abatir su coraje. En cada uno de sus asaltos desesperados hacÃa rodar por el suelo á algún enemigo, de tal modo que Lázaro del Condado, dejando su puesto, se lanzó á toda la carrera hacia aquel más lejano donde peleaba Toribión de LorÃo.
—Toribio —le dijo, —¿por qué te entretienes aquà sacudiendo á esta morralla que no vale una castaña asada, cuando allá abajo el nieto de la tÃa Basilisa, más furioso que un jabalÃ, está volcando los mozos como si fuesen pucheros de barro?