La aldea perdida
La aldea perdida No quiso D. Félix llevar más adelante la contraria á su primo viéndole irritado. No tenÃa interés en ello porque era, como se ha dicho, más bien enemigo que amigo de Pericles, aunque sólo de oÃdas conociese al OlÃmpico. SabÃa medianamente el latÃn y conocÃa un poco la historia de Roma, pero la de Grecia ni saludarla siquiera.
—Bueno, dejemos á los griegos y vengamos á los españoles. Yo tenÃa que consultar contigo un asunto y para eso he subido hasta aquÃ.
D. César se serenó de pronto. Era el hombre más apacible de la tierra siempre que no se tocase á su enemigo.
—¡Me gusta tu franqueza! —exclamó riendo. —No puedes negar que eres un veterano de la Independencia. Tienes la misma pasta que los vencedores de Maratón y de Platea. Mas por Júpiter, que no te dejo hablar otra palabra si no consientes en reposar un poco el calor y tomar algún corto refrigerio.