La aldea perdida
La aldea perdida —¡Ni mejor ni peor, bobalicona! ¿No ves que Regalado quiere divertirse á vuestra costa y hacer reir á la gente? —exclamó con Ãmpetu la avinagrada Jeroma.
Respondió Pacha con otras palabras no menos resquemantes y comenzó una batalla de sarcasmos y denuestos que Regalado procuraba atizar para que no se extinguiese tan presto. La alegre tertulia gozaba en el altercado. Maripepa lloraba y Bartolo dejaba escapar cada vez resoplidos más incorrectos. Al fin, comprendiendo que estaban sirviendo de befa, callaron las irritadas comadres y se cambió de conversación.
Pero Pacha rebosaba de ira todavÃa. La tÃa Jeroma igual. Como de algún modo tenÃan que desahogarla, la primera llamó con violencia á su hermana so pretexto de que estaba muy cerca de Regalado.
—Maripepa, ven aquà ahora mismo y siéntate á mi lado.
La dócil y vetusta zagala obedeció y alzándose de su asiento pasó por delante del mayordomo y Bartolo. Entonces el primero al cruzar la pellizcó en una pierna. Maripepa lanzó un grito. Regalado, con increÃble malicia, se volvió hacia Bartolo y le amonestó severamente.
—¡Cuidado, Bartolo! No hagas esas cosas, que todavÃa no tienes derecho á ello.