La aldea perdida
La aldea perdida 
Martinán el filósofo
OS anhelos del sobrino de D. Félix caminaban con paso rápido hacia su realización. El valle de Laviana se trasformaba. Bocas de minas que fluÃan la codiciada hulla manchando de negro los prados vecinos; alambres, terraplenes, vagonetas, lavaderos; el rÃo corriendo agua sucia; los castañares talados; fraguas que vomitaban mucho humo espeso esperando que pronto las sustituirÃan grandes fábricas que vomitarÃan humo más espeso todavÃa. Bien lo decÃa el joven Antero en una de las cartas que cada poco tiempo enviaba al Eco de Asturias: «El sol de la industria ilumina ya este valle, antes tan oscuro, y esparce sus rayos vivificantes sobre estos pobres campesinos subviniendo á sus necesidades, llevando á su frÃo hogar el alimento y el bienestar, etc., etc».
