La aldea perdida
La aldea perdida La primera parte de esta metáfora no era rigurosamente exacta; porque el antiguo sol iluminaba bastante bien el valle cuando no lo ocultaban las nubes, y el nuevo no podÃa hacerle la competencia en punto á claridad. Pero la segunda no hay duda que estaba más ajustada á la verdad. CorrÃa dinero entre el paisanaje. Las cuadrillas de mineros y operarios traÃdas de otros puntos alojaban en casa de los labradores de Carrio, Entralgo y Canzana y dejaban allà parte de su salario. Verdad que los huéspedes no eran cómodos. Agresivos, pendencieros, alborotadores, tenÃan siempre con el alma en un hilo á los vecinos. Además, no cesaban de proferir unas blasfemias tan horrendas que los cabellos de los inocentes campesinos se erizaban de terror. Sobre todo las mujeres sentÃan indignación tan profunda que sin temor la dejaban estallar en su presencia. Pero esto les hacÃa reir y no les corregÃa.