La aldea perdida

La aldea perdida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Clavel le arrojó una mirada despreciativa y se dispuso á salir, pero su marido la atajó antes de que pudiese penetrar en lo interior.

—¡Que no!, ¡que no te vas sin darme un abrazo! ¿No quieres?… Pues te lo daré yo á ti…

Y diciendo y haciendo la estrechó tiernamente entre sus brazos y la aplicó un par de sonoros besos en las mejillas. Enfurecida la mujeruca se desasió violentamente cubriéndole de dicterios y se metió en el interior de la casa. Martinán, sin preocuparse de su cólera, sonreía beatíficamente y le enviaba besos con la punta de los dedos. Los parroquianos aplaudían riendo.

—¿Quién habrá más feliz que yo, decídmelo? —exclamaba restregándose las manos de placer. —En jamás de la vida me ha dado el más pequeño disgusto esta mujercita que Dios bendiga. ¡Qué hacendosa!, ¡qué ahorradora!, ¡qué limpia!… ¡Los chorros del oro, muchachos!… Que tiene el genio vivo… que es un poco gruñona, ¿y qué?… Eso consiste, amigos, en que el alma no le cabe dentro del cuerpo. Los bueyes tardos necesitan quien les aguije. Seguro estoy que en esta parroquia no hay uno que no me envidie á Clavel…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker