La aldea perdida
La aldea perdida La pobre Felicia se echó á llorar sin responderle. Nolo dijo:
—Demetria ha desaparecido desde esta tarde y nadie sabe dónde se encuentra. ¿Sabes tú algo?
—No, no… yo no sé nada… ¿Cómo quieres que sepa? —respondió con agitación.
—El castañar donde fué por hoja no está lejos de aquÃ: pudieras bien haberla visto…
—No, no… yo no la he visto… Yo estuve todo el dÃa sallando el maÃz ahà arriba… ¡No la he visto, no!…
Si Nolo estuviera dotado de más perspicacia ó malicia no le hubiera pasado inadvertido el aturdimiento de la Pura. Pero nada echó de ver y cuando aquélla les invitó á descansar un momento aceptó y entraron. La tÃa Felicia tenÃa en verdad necesidad de reposo. Pepa la agasajó y la consoló cuanto pudo. Se comprendÃa que las lágrimas de la desdichada madre le hacÃan daño. Se habÃa puesto pálida y temblorosa. Cuando al fin salieron de la choza les acompañó un rato. Felicia querÃa proseguir sus investigaciones, mas Nolo se opuso resueltamente á ello: sobre ser inútil, el estado de fatiga en que se hallaba no lo permitÃa. Por la mañana bien temprano volverÃan á comenzar.