La aldea perdida
La aldea perdida —¡Que se os muera de la peste todo el ganado que tenéis en la cuadra!
—¡Que se nos muera!
—Pues bien… te diré que esta tarde, mientras recogÃa un poco de árgoma para encender el fuego, vi en el castañar del tÃo Goro á Demetria cortando hoja… Luego vi que se acercaba á ella Plutón… ese minero tan malo que ya conocerás…
—SÃ, sÃ; ¡adelante!
—Pues hablaron algunas palabras y mientras yo me entretuve en atar la carga desaparecieron… No volvà á ver ni á uno ni á otro. Pensé que habÃan tomado por el monte abajo y se habÃan ido á Carrio… Me admiró porque no creÃa que Demetria tuviese amistad con ese pÃcaro…
Guardó silencio. Nolo, inmóvil y pálido, esperó todavÃa algunos instantes á que prosiguiese.
—¿Es eso todo?
—Todo.
—¿No sabes más?
—Nada más.
—Bien… pues muchas gracias y hasta la vista.
La Pura le retuvo cuando se disponÃa á marchar y le dijo temblando: