La aldea perdida
La aldea perdida El rostro de la Pura se cubrió de intensa palidez y balbuceó:
—Haz lo que quieras… Yo nada sé…
—Pues adiós… ¡Hasta pronto!
Nolo dió unos cuantos pasos precipitados monte abajo…
—¡Ven acá! —le gritó Pepa.
Tornó á subir y acercándose á ella con semblante airado le preguntó:
—¿Quieres hablar?
La Pura guardó silencio unos instantes; luego dijo:
—Si te doy alguna noticia, ¿me juras que no dirás de quién la has sabido, que nunca saldrá de tu boca mi nombre?
—Lo juro.
—¿Por qué lo juras?
—Por lo que tú quieras.
—Júralo por la salud de tus padres.
—Lo juro por la salud de mis padres.
—Que no te cases jamás con Demetria ni vuelvas siquiera á verla.
—Que todo eso suceda si llego á declarar tu nombre.
La Pura vaciló todavÃa. Le parecÃan pequeños aquellos juramentos. Al fin encontró otro más terrible.