La aldea perdida
La aldea perdida El más alto goce que Demetria experimentaba era cuando el tÃo Goro se decidÃa á pernoctar en la cabaña. ¡Un dÃa más! Aquello de dormir vestida entre la yerba, porque allà no tenÃan camas, y de cocer las judÃas y sazonarlas y batir los puches ó picar la sopa, causaba á la doncellita una felicidad inexplicable. El tÃo Goro, viéndola tan feliz, sonreÃa y se olvidaba de que las judÃas no tenÃan sal y los puches estaban medio crudos.