La aldea perdida
La aldea perdida Demetria se volvió á la cocina, que ocupaba toda la planta baja de la casa. Sólo en un ángulo habÃan fabricado con tabiques de tabla un cuartito para el pastor. En otro de los ángulos habÃa un gran montón, que llegaba al techo, de leña. De allà tomó nuestra zagala algunos maderos, los juntó adecuadamente sobre el lar, puso entre ellos algunas ramas de árgoma y encendiendo un misto les dió fuego. Brotó la llama con fuerza: pronto se extinguió cuando el árgoma quedó consumida. Entonces Demetria, acercando el rostro cuanto podÃa, se puso á soplar el fuego con todo el aliento de su pecho. ¡Oh, cuán hechicera estaba la zagala inflando sus carrillitos amasados con rosas y leche! Si aquel mirlo tÃmido de la parra la hubiera visto ahora, sin remedio la hubiera picoteado pese á su vergüenza.