Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía Pero este compromiso generó críticas. Algunos acusaban de meterse demasiado en cuestiones sociales, de hablar demasiado sobre los pobres y poco sobre la doctrina.
En una reunión, un clérigo de mirada severa dijo: —La misión de la Iglesia no es resolver los problemas económicos del mundo.
La respuesta fue clara: —La misión de la Iglesia es estar con los que sufren. No podemos predicar el amor de Dios mientras ignoramos el hambre del hermano.
Los ataques no tardaron en llegar. Se le acusó de populismo, de politización, de desviar la atención de lo espiritual. Pero la opción por los pobres no era ideología, era fidelidad al Evangelio.
Jesús no se rodeó de los poderosos, sino de los enfermos, de los pecadores, de los desamparados. La Iglesia no podía traicionar ese legado.
La pobreza no es una maldición, sino una injusticia creada por los hombres. Y mientras existan estructuras que opriman, el compromiso con los más débiles no es opcional, es un deber ineludible.