Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía El silencio en la sala fue pesado. Nadie quería escuchar esas palabras, porque implicaban responsabilidad. Pero la verdad no se puede callar.
En una visita a un campo de refugiados, una niña se acercó y preguntó: —¿Por qué nos odian?
Nadie supo qué responder. No había respuesta. No hay justificación para la guerra, para la violencia, para el sufrimiento de los inocentes.
Los discursos sobre la paz son inútiles si no se traducen en acciones. No basta con condenar la violencia desde un púlpito; hay que trabajar por la reconciliación, hay que alzar la voz contra los intereses que lucran con el conflicto.
Pero la paz no es solo la ausencia de guerra. Es justicia, es dignidad, es el derecho de cada ser humano a vivir sin miedo.
La humanidad parece condenada a repetir sus errores. Pero aún hay esperanza. Siempre hay esperanza. Porque mientras haya una sola persona dispuesta a construir la paz, la guerra no tendrá la última palabra.