Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía Los años pasaban y la infancia se llenaba de pequeñas certezas: la importancia del trabajo honesto, el valor de la palabra dada, la necesidad de ayudar a los demás.
No se trataba solo de aprender historia en la escuela, sino de comprender que cada persona tiene una historia. Que cada vida tiene un peso. Que nadie puede vivir solo para sí mismo.
El hogar no era un simple espacio físico. Era el punto de partida de todo lo que vendría después.
A veces, el destino se revela en los momentos más inesperados. La vocación no siempre llega con claridad, sino como un murmullo persistente que se infiltra en la rutina, en los encuentros, en las decisiones pequeñas que parecen no significar nada, pero que, con el tiempo, lo significan todo.
La juventud transcurría entre estudios, amigos y el bullicio de Buenos Aires. Había planes, proyectos, sueños que no incluían la idea del sacerdocio. Pero la vida es un camino lleno de giros imprevistos.
Un día, un joven entró en la iglesia de San José de Flores. No lo había planeado, simplemente sintió la necesidad de estar ahí. Se sentó en el último banco y dejó que el silencio lo envolviera.