El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Tú no quieres que yo muera, Elao… —articuló con aquella sonrisa que era un abismo de gracia y coqueterÃa, acercándose con movimiento felino, acariciador—. Tú, que eres un poco de arcilla, no quieres que perezca la hija de los Tolomeos… ¿Prefieres que me humillen? ¿No sabes que la muerte es muy bella? No hay nada más hermoso que la muerte y el amor. TranquilÃzate, Elao. Busca en esa pared el resalte de una cabeza de serpiente de metal y oprÃmela… AsÃ…
Elao apretó sin recelo. Un trozo de pavimento se hundió rápidamente, arrastrando consigo al esclavo. Remoto, sordo, mate, como el amortiguado por el agua, se oyó el ruido de su caÃda. Ya ascendÃa otra vez el pavimento y se encajaba en su lugar, silenciosamente.
—No hablará —dijo Cleopatra—. El secreto nos pertenece a nosotros solos.
No hizo el sacerdote observación alguna. La vida de un esclavo no merecÃa el trabajo de abrir la boca. Y dejando encendidas las lámparas, que de suyo se apagarÃan, abandonaron aquel lugar, escondido en las fundaciones de un sepulcro y construido con tal arte, que arrasarÃan la ciudad entera sin dar con él.
…