El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Son amuletos, talismanes, fetiches, mandrágoras, piedras del cielo, bezoares, uñas de la gran bestia, redomas de encantamientos y filtros… Han sido traÃdos de todos los paÃses, recogidos sobre cadáveres, en santuarios quemados, en guaridas nocturnas de hechiceras de Tesalia; han sido arrancados, robados, comprados a peso de oro… Puesto que los dioses del Egipto nos abandonan, ¿no habrá ahà un Dios o un genio que nos salve? ¡Considera la cantidad de poder sobrenatural que encierran tantas cosas prodigiosas!
El sacerdote respondió, meneando la cabeza:
—Nuestros dioses nos castigan, reina, por haber pactado alianza con el extranjero, por la profanación de unirte a un general romano y hacerle monarca de Egipto. Hemos merecido que nos abandonen, y nos abandonan. Contra su cólera no pueden nada esas piedras y esos lÃquidos, esas raÃces y esos despojos, que reciben su poder del universal creador, de Ptah el eterno.
—Ptah el eterno no puede impedirme morir, y entre esos amuletos hay venenos tan rápidos y sutiles, que la muerte que producen debe llamarse dulce sueño. Las joyas más preciadas de este tesoro son los instrumentos de mi libertad. En ningún caso figuraré en el triunfo de mis enemigos.
El estremecimiento del esclavo hizo volverse a la reina.