El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos En la rancherĂa de los Inuitos, donde adquirimos muchos lotes de pieles magnĂficas, conocĂ a un viejo, llamado Konega, que dirigĂa las ventas, por ser el mejor cazador y pescador de la tribu. Esta especie de patriarca, venerado en la tribu como si fuese adivino o mágico, ejercĂa verdadero mando entre una gente que no tiene forma de gobierno alguna. El mejor trozo de foca era siempre para Ă©l, y no se le escatimaba el aceite de ballena, que bebĂa a grandes tragos.
Un dĂa, Konega cayĂł enfermo. Todos, y especialmente sus nueras y sus hijos, se desvivĂan por cuidarle, con tal celo, que empecĂ© a estimar a los bárbaros por su ternura filial. Aunque nada sĂ© de Medicina, con tanto viajar he tenido que aprender algunos remedios, y les ofrecĂ dos o tres drogas de que disponĂa. Poco despuĂ©s preguntĂ© a los de la tribu que vinieron a la factorĂa a vender pieles y plumas de aves de mar, y supe que mis medicinas habĂan sentado bien al paciente.
—Lo sabemos, sin que quepa duda —me dijeron—, porque la piedra que Konega tiene debajo de su cabecera disminuye de peso, señal de que la enfermedad mengua también.