El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Ya ves —dijo reposadamente el santón—. Que el ángel Azrael mire por ti y te permita encontrar tolerable al menos el agua del pozo. Yo te llevarÃa conmigo, sacándote de este mal paso; pero mi jumento no puede con más carga y tengo que adelantar camino para incorporarme a una caravana, porque si voy solo me devorarán las fieras.
Y el santón se alejó recitando un versÃculo del Corán. Al ver su silueta oscura desvanecerse en el horizonte inflamado, el camellero sintió que su última esperanza desaparecÃa, y en transporte delirante, acercóse al brocal del pozo, se agarró a él con ambas manos y, no sin trabajoso esfuerzo —¡hasta para darse la muerte se necesita vigor!—, se precipitó dentro, de cabeza.
…
Y las aguas del Pozo de la Vida, desde que se arrojó a su profundidad el camellero, siguen siendo dulces para algunos, amargas para bastantes… Sólo hay que añadir que los de paladar fino las encuentran gusto a muerto.