El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Una voz que le llamó —una voz imperiosa y grave— le hizo abrir los ojos. TenÃa ante sà a un santón, un viejo morabito de larga barba argentina, de remendado traje, apoyado en una cayada, con su zurrón de mendicante al hombro. La faz, requemada por el sol, presentaba nobles, aguileños rasgos, y los ojos fijos en el enfermo, no revelaban piedad, sino meditación serena; el estado de un alma que conoce los Libros sacros y sondea el existir. En la mano derecha, el santón sostenÃa el cuenco lleno de agua; tal vez se disponÃa a apurarlo.
—No bebas, santo varón —aconsejó el camellero—. Es amarga como absintio. Te dará horror. Yo ya no la soporto.
Sin hacerle caso, el santo bebió, y ni mostró desagrado ni complacencia.
—Este agua —murmuró después de que se hubo limpiado la boca con el revés de su mano curtida por la intemperie— no es ni amarga ni dulce; su amargor y su dulzor están en el paladar de quien la bebe. ¿No han venido aquÃ, desde que languideces al pie del pozo, seres jóvenes y sanos? ¿No han bebido del agua?
—Han venido —respondió el camellero— unas mozas vÃrgenes, muy alborotadas, a tomar aguada para su aduar. Y han alabado lo refrigerante de la bebida.