El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Dio principio el festĂn de bodas… Osmán, sabedor de que pronto se arrojarĂan sobre Ă©l, apretaba el puñal y prestaba oĂdos, mientras su corazĂłn tenĂa el latido involuntario de los momentos supremos. Allá dentro, en lo más recĂłndito del castillo sin almenas, de redondas cĂşpulas, creyĂł oĂr voces, ruido de lucha. Eran sus montañeses que ataban y amordazaban a los conjurados. Embebecido Kalil con tener a su lado a Nilufer, que le decĂa mieles, nada notĂł, aunque extrañaba que no viniesen sus cĂłmplices. La hermosa del rostro descubierto se levantĂł y tendiĂł a Osmán una copa, no de vino, prohibido a los creyentes, sino de licor de granada, que embriagaba como el vino. Nilufer conocĂa la conjura, y en el licor habĂa mezclado un narcĂłtico para que Osmán no sufriese ni se resistiese. Con su luengo brazo izquierdo, Osmán volcĂł la copa al rechazarla, y con el derecho sacĂł el puñal, mientras gritaba:
—¡A mĂ!…
Los montañeses irrumpieron en la sala del festĂn, pero ya Kalil estaba tendido a los pies del Longibrazo, con la garganta abierta…
Una hora despuĂ©s, Osmán cubrĂa la faz de Nilufer —despuĂ©s de estampar en ella el Ăşltimo beso—, con velo tupido, murmurando sin cĂłlera, firmemente:
—No lo alzarás nunca; y ninguna mujer tendrá descubierto el rostro donde mande Osmán…