El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Poco tiempo después, se dio el templo por terminado. La imagen del Numen sólo esperaba el primer sacrificio que le serÃa ofrecido, al amanecer, por los dos fundadores. Evimio y Demodeo inmolarÃan, con sus propias manos, un blanco toro. Acostáronse rendidos de fatiga en la antecámara del santuario, y no tardaron en dormirse. La luna filtraba sus rayos al través de la columnata del peristilo, y el simulacro de Apolo, de oro puro, se erguÃa gallardo, alzando su divina frente. Demodeo —el de mayor fantasÃa de los dos durmientes—, creyó ver, al través de las paredes, que el Dios descendÃa de su pedestal, y regulando su armonioso andar por los sones de la lira que llevaba en la mano, se acercaba airoso, bello hasta la idealidad, al rincón en que dormÃan los fundadores del templo. Y con ansia invencible, con el impulso de toda su voluntad, clamó hacia la aparición:
—¡La recompensa!
El Dios inclinó la cabeza; sonrió con su sonrisa de luz, que lo ilumina todo; dejó su lira, se desciñó el arco y la aljaba, y con la gracia de movimientos que sólo él posee, envió de costados dos flechas agudas, silenciosas, que pasaron el corazón a los dos amigos.