El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —Era hijo de viuda aquel muchacho tan simpático, a quien yo conocà en el balneario de Caldasrojas, y que todas las tardes paseaba un rato conmigo por los caminos solitarios y las sendas aldeanas, confiándome sus esperanzas, sus aspiraciones y su tenacÃsima labor. La decorosa estrechez en que quedaron el chico y su madre a la muerte del padre, los esfuerzos de la pobre mujer para salir a flote y dar carrera a su hijo, habÃan influido en el carácter de Torcuato, haciéndole hombre consciente desde la niñez, y desarrollando en él, con extraño vigor, las facultades de la voluntad perseverante, sin un desmayo ni una vacilación, y con esa especie de iluminación genial, que lo mismo puede demostrarse en la creación artÃstica que en la conducta. A los once años, Torcuato llevaba los libros de una tienda de la antigua ciudad universitaria, donde vivÃa; a los trece, prestaba el mismo servicio en varios establecimientos, ganando lo suficiente para sostenerse él y su madre, y a la vez estudiaba, robando horas al sueño, tan imperioso en el perÃodo crÃtico de la pubertad. Mejor dicho: la pubertad fue vencida, en sus inquietudes y en sus torturadoras distracciones, por la constancia de Torcuato. Ni curiosidades ni devaneos le desviaron de su marcha hacia un objeto y un fin. Su vida estaba regulada cronométricamente; ni migaja de tiempo perdÃa. Se habÃa fijado, al minuto, el que debÃa invertir en lavarse, cepillarse, comer, dormir; y el programa se cumplÃa exactamente. ¡Digo mal! A veces, Torcuato se sustraÃa tiempo a sà mismo, y realizaba trabajos extraordinarios que pagasen las matrÃculas y algún gasto inevitable, extraordinario también. No rehusaba por soberbia tarea ninguna; capaz serÃa de limpiar zapatos si creyese que le compensaba la remuneración. EscribÃa discursos para los graduandos, sermones para los canónigos, prospectos, para los industriales, memorias, para los secretarios de asociaciones… todo lo que le valiese un duro y un amigo y protector. AsÃ, al terminar brillantemente la carrera, obtuvo en la Universidad un empleo con mediano sueldo: lo necesario, lo estricto, el modo de esperar y resistir hasta conseguir algo de lo infinito soñado.