El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Estuvo Jacobo como atontado varios meses, y además gravemente enfermo. La mujer, cuya mano le habÃa guiado al asilo, le cuidó afectuosa. Era la amada del general, y ella también le tomaba «por otro» sin querer. Se estableció al pronto tierna amistad; después, algo más Ãntimo, que les horripilaba y les avergonzaba, como una traición a la memoria del muerto. El amor se tragó al escrúpulo y se casaron. ParecÃan el matrimonio más feliz. Sin embargo, a Jacobo no se le veÃa sonreÃr nunca. Un pliegue tenaz arrugaba su frente; un abatimiento sin causa fÃsica doblegaba su gallardo cuerpo. Yo —afirmó la anciana profesora, como término de la historia extraña que me referÃa—, yo, a tÃtulo de amiga de la mujer de Jacobo, entré mucho en aquella casa, recibà confidencias y recogà suspiros de almas cerradas ante todos, que conmigo solamente se atrevÃan a respirar. La esposa, deshecha en lágrimas, me decÃa:
—¿No sabes la tema en que ha dado mi marido? Asegura que «es otro»; que a pesar de las apariencias, él nunca ha sido Jacobo de…
—¡Cuidado! ¡Va usted a enterarme del apellido! —exclamé involuntariamente.
—¡Ay! ¡Eso no! —y la profesora se detuvo, asustada de ser tan indiscreta—. ¡Eso no! Porque hablo de personas que existieron, y cuanto he referido es verdad histórica.