El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos En las cocinas del castillo se murmuró largamente, al amor de la lumbre, de aquel bautizo y aquella madrina, que al salir de la iglesia habÃa desaparecido cual por arte de encantamiento. Un cuchicheo medroso corrÃa como un soplo del otro mundo, hacÃa estremecerse el huso en manos de las mozas hilanderas, temblar la papada en las dueñas bajo la toca y fruncirse las hirsutas cejas de los escuderos, que sentenciaban:
—No puede parar en bien caso que empieza en brujerÃa.
El segundón, entre tanto, se desarrollaba trabajosamente. Enfermedades tan graves le asaltaron, que tuvo dos veces encargado el ataúd, y siempre, al parecer iniciarse el estertor de la agonÃa, verificábase una especie de resurrección: el niño se incorporaba, se pasaba la mano por los ojos, sonreÃa y con ansia infinita pedÃa de comer…
—Siete vidas tiene como los gatos —decÃa la dueña Marimiño a Fernán el escudero—. ¡Embrujado está, y no muere asà le despeñen de la torre más alta!