El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos 
La madrina
L nacer el segundón —desmirriado, casi sin alientos— el padre le miró con rabia, pues soñaba una serie de robustos varones, y al exclamar la madre —ilusa como todas—: «Hay que buscarle madrina», el padre refunfuñó:
—¡Madrina! ¡Madrina! La muerte será…, ¡porque si éste pelecha!
Con la idea de que no era vividero el crÃo, dejó el padre llegar el dÃa del bautizo sin prevenir mujer que le tuviese en la pila. En casos tales trae buena suerte invitar a la primera que pasa. Asà hicieron, cuando al anochecer de un dÃa de diciembre se dirigÃan a la iglesia parroquial. Atravesada en el camino, que la escarcha endurecÃa, vieron a una dama alta, flaca, velada, vestida de negro. La enlutada miraba fijamente, con singular interés, al recién, dormido y arrebujado en bayetes y pieles. A la pregunta de si querÃa ser madrina, la dama respondió con un ademán de aquiescencia. Despertóse en la iglesia la criatura y rompió a llorar; pero apenas le tomó en brazos su futura madrina, la carita amarillenta adquirió expresión de calma, y el niño se durmió, y dormido recibió en la chola el agua frÃa y en los labios la amarga sal.
