El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Tambaleándose, Laurencio tardó en darse a la fuga breves momentos. Hasta pensó llamar, gritar… Al fin, corrió, sin más propósito que el de verse a cien leguas y refugiarse en una cama, donde se aliviasen sus magulladuras… FluÃa sangre de sus labios rotos, con dos dientes perdidos… Como sabemos, lo único que no le habÃan quitado eran las botas, y volaba, loco de terror aún, hacia las calles céntricas, hacia su posada, próxima a la catedral. Y he aquà que oyó risas, exclamaciones; dos transeúntes se habÃan fijado en su facha; un guardia le detenÃa severamente, amenazándole. Un grupo se reunÃa; las carcajadas le abofetearon; acudÃa gente de las bocacalles; se abrió un balcón iluminado.
—¡Vaya un pajarraco! —repetÃan—. ¡Buena gallina para el puchero! ¡Mira: tiene alas! ¡Hu, hu, el pajarraco!
Trémulo de frÃo, de vergüenza y de coraje, Laurencio imploraba:
—¡Señores…! ¡Una capa para cubrirme…! ¡Soy inocente; no me lleven a la cárcel!… ¡Que me desemplumen!