El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Un domingo por la tarde, Payo Diamonde anunció a su mujer que salÃa a talar ciertos campos y a quemar dos o tres casas de portugueses, y que entre ambas ocupaciones no dejarÃa de cazar lo que saltase. Hasta el sábado por la tarde, Mafalda quedaba sola. Suspiró, recogió sus haldas y bajó del castillo a la primera explanada de tierra, a ver alejarse la hueste de su señor. Cuando la última lanza despareció detrás de la fraga espesa, la castellana, resignadamente, iba a volverse al hogar, donde se entregarÃa al bostezo; pero en el ángulo de la calzada pedregosa (¿ve usted?: ahà mismo), he aquà que le sale al encuentro un hombre, una especie de vagabundo, con un pesado fardo a las espaldas. Era joven, alto, ágil, nervudo, y su hendida barba roja y sus labios sensuales, rientes, daban a su rostro una expresión provocativa y cruel. Con palabras suplicantes pidió albergue aquella noche no más en la torre de Diamonde, y ofreció enseñar su mercancÃa —telas, pieles, collares, amuletos, aguas y botes de olor—. Tranquilizada, Mafalda batió palmas ante el anuncio. ¡Qué de tentaciones gustosas!