El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos En esta cámara, que era la de Mafalda, cerca de la ventana donde nos sentamos ahora, el buhonero deslió su fardo y mostró a la dama el tesoro. Traía piezas de seda de Monforte, pieles curtidas de marta, de Orense, casi tan hermosas y suaves como las cebellinas, lienzos finísimos de Padrón, encajes labrados por las pálidas encajeras que esperan a sus esposos a las puertas de las casas, en los pueblecitos pescadores, Portonovo y Sangenjo. Traía asimismo redomas y frascos de perfumes, jazmín y algalia, gorguerines de ámbar y sartas de perlas; y la castellana de Diamonde, ávidamente, lo compró todo, porque su marido había dejado buen golpe de doblas de oro en el cofre de la cámara nupcial.